14 de noviembre de 2011

Valparaíso, Quinta región, Chile.


Esas calles me han visto bailar, imitar a Patti Smith, llorar, sacar fotos e irme a otra realidad mejor.


Así, de simple. Valparaíso,  en si, me calma., me acoge. Y el Cerro Concepción ha sido el sostenedor de vergonzosos arrebatos de enviar todo a la mierda.


Dicen, que el Puerto es sinónimo de lo bohemio, un espacio artístico, ese lugar con historia, la tierra revolucionaria, cuna de decisiones políticas-polémicas,
espacio con contenido, un terreno con ganas gritar.


He escuchado por ahí, también, que es una de la ciudades más importantes de un país tan "patas pa` arriba" como es Chile.


Pero, la verdad, para mi, Valparaíso es un alma con manos tangibles.


Esas manos que mucha veces no encuentro en nadie pero que con sólo correr a sus lares aparece todo lo que necesito. Manos que estremece cuando todo motivo no existe y que me contienen cuando voy cayendo, manos que tienen una guitarra siempre cuando las ganas de cantar nacen, manos con insistencia de colores, manos seguras, manos protectoras, manos fuertes que me hacen creer en esas mismas manos que brotan de los cerros y los cerros se instala



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