Termine de escuchar un cover de Aterciopelados, 'Ojalá te vaya bonito'. ¡Cómo me dolió escucharla! No, perdón, vivirla. Yo viví esa canción, la sentí cada sílaba, cada entonación, todo lo que salía de Andrea Echeverri lo deseé, de corazón, entrañas, piel, no sé, con dolor supongo.
No, no me quebraron el corazón sino el amor propio. Lo pulverizó de una forma tan tangible como en el banal acto de que no podía subir fotos de mi cara a Facebook, Twiiter o cualquier red social, no era digna. Miraba siempre al suelo cuando aparecían las mujeres por la cual me comparaba, y no volví a ver a los ojos aún hombre porque temía que me dijeran lo que él me decía.
Si tuviera que transformar esos momentos serían como una roca negra,algo como una carboncillo que se deshace solo. Mi sensación era eso; quemada y desmembrada a cualquier intento de acto emocional.
Cierro los ojos y trato de recordar el sentimiento pero sólo esta vivo lo que pasaba por mi cuerpo. El pobre no daba abasto, no podía. De alguna forma los últimas dos semanas mi cuerpo se había desdoblado de mi cabeza, de mi voluntad.
No dormía y si lograba hacerlo tenía pesadillas, mis llantos eran diarios, no exagero si digo todos los días pero no ha todas horas, pues, casi las 24 pasaba callada pensando una solución para poder quedarme o retenerlo- a esas alturas era lo mismo- mi pelo se caía a destajos, cada vez que lo cepillaba una pelota del porte de pimpón eran mi resultado, mis ojos estaban destruidos, caídos, morados y resecos y la sien siempre dolía, temblaba cuando lloraba o cuando lo pensaba, repentinamente sentía ahogos con sólo pensar en no poder tenerlo completo. No sabía qué hacer, daba todo de mi y no lograba nada, me había alejado hasta de mi familia y aún así el no estaba.
No dormía y si lograba hacerlo tenía pesadillas, mis llantos eran diarios, no exagero si digo todos los días pero no ha todas horas, pues, casi las 24 pasaba callada pensando una solución para poder quedarme o retenerlo- a esas alturas era lo mismo- mi pelo se caía a destajos, cada vez que lo cepillaba una pelota del porte de pimpón eran mi resultado, mis ojos estaban destruidos, caídos, morados y resecos y la sien siempre dolía, temblaba cuando lloraba o cuando lo pensaba, repentinamente sentía ahogos con sólo pensar en no poder tenerlo completo. No sabía qué hacer, daba todo de mi y no lograba nada, me había alejado hasta de mi familia y aún así el no estaba.
Releo y se ve obsesivo. Quizás, no sé, la verdad no lo creo. ¿Se puede describir como obsesivo la sumisión? Si es así, lo es y prefiero darle ese concepto si no...con mucha vergüenza digo que estaba sometida. De alguna forma ese era mi rol en la relación, venerarlo. No había nadie más inteligente, preocupado, víctima y creativo que él. Nadie más.
Mi cabeza estaba dividida, había voluntad, la absoluta para poder seguir en el fallido plan de conquistar, que me eligiera sólo a mi pero mi cuerpo como nunca antes, ni siquiera en corridas largas o nados con tiempo, me acompaño. Llego el día en que supe que tenía que irme y cortar. Prometo que no quería hacerlo, porque al mirarlo lloraba de desolación, no podía imaginarme sin entablar conversaciones de todo lo absoluto con él, no podía imaginarme sin sus chistes o el humor negro, no podía imaginarme de nuevo hacer la señorita con filtro, la niñita 'correcta'. Había encontrar mi cómplice (o eso pensaba), al fin , estaba frente al hombre que me miraba a los ojos y sabía leerme, sabía que todo era rídiculo, desganado, poco seria, muy básico. Eso era lo de nosotros un consumismo ególatra y mirador en menos.
No podía ocultar mi pena frente él, ni la somatización de todo lo que sentía. La cabeza me estallaba, el pecho, el esternón- que es una cartílago- se inflamo con tanta intensidad que me costaba respirar, la sequedad en la boca era de todos los días, mis energías eran sólo para sentir lo dicho y mirarlo, nada más.
No podía ocultar mi pena frente él, ni la somatización de todo lo que sentía. La cabeza me estallaba, el pecho, el esternón- que es una cartílago- se inflamo con tanta intensidad que me costaba respirar, la sequedad en la boca era de todos los días, mis energías eran sólo para sentir lo dicho y mirarlo, nada más.
Lloraba por no poder hacerlo quererme y lloraba por tener que irme. Sólo lloraba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario