Sentada, rematada, atada. Ruego por estar muerta pero Dios suele no escucharme, sólo me dice que me ama, que me quiere, que puedo y que también- uf, pobre ridículo e inocente- cree que lograré, aprender a, ¡já!, dividir con tres números.
Miro a mi derecha está Hitler levantado la mano, yo lo apaño, también la levanto... comenzamos a bailar disco. Adolfo es tieso como un amigo que tiene su nombre.El dictador y mi amigo NO son aptos para invitarlos a bailar.
Continúo mirando al nazi, mientras cuentas los pasos, me pregunto si será necesario comentarle que siempre espere la segunda versión de la historia, como el conquistaba toda Europa, como los judíos se revolucionaban y lo terminaban quemando por partes. No- me limito- no creo que sea educado... además le basta con bailar tan mal.
A la izquierda, aparece o está, ya no sé, Stalin, me grita, dice palabras raras y el ruso es peor que el alemán, los presento, se odian, se envenenan, se asquean, se atraen, se aman, uno no viviría sin el otro. Yo les sugiero que hagan el amor. Lo hacen, sin más, ví todo.
Logro continuar el camino de las calles de esa ciudad que se dice linda pero que es una conquista más de mis pies que un premio para mis ojos. Es sólo cemento plastificado con baldosas caras, las que hacen una buena pareja con mis piernas que se sostienen en unos tacos de una marca por la que vendí casi la mitad de mi mente...
Me encuentro a un tipo que bese, que quise mucho y que hoy, nos reímos de historias viejas, me presenta su nuevo amor, la saludo, me rió, él se ríe, los tres bailamos y la verdad, les deseo lo mejor, me despido, comparto mi lápiz labial (que me lo halago) con ella porque ya compartimos la misma boca.
Como siempre mis manos están heladas comienzo acreer que no hay sangre en este cuerpo que ha sido blanco de bromas de Stan, Buda, de compañeros (revolucionarios) y camarada tradiconales. Todos seudos, incluso, Buda, tan endiosado que está muy lejos de mis cabales pero por ellos he sido de todo, sé como hablan cada uno, he recibido tantos denominaciones que ninguna se me pega al cuerpo...porque ya no hay espacio.
Me canso de tanto pensar debería parar o a lo menos mentirme, decirme que todo está muy bien, que el corazón promete y cumple eso del "amor para siempre", que el ministro del interior realmente es bueno, que las chicas de televisión le gusta Borges, que él me extraña, que podré volver a estudiar, que mi pasado no volverá, que la mujer que fue presidente valía la pena sólo porque "era mujer", con el mismo razonamiento porque, nosotras, las mujeres somos "tan" buenas sólo por serlo y que los toros son bestias que matan a los fieles españoles que celebran importantes y argumentativas tradiciones, que hay una causa de la nueva practica de retorcer corazones, ¿es obvio no?: se paga por ello, que en mi cajón se desbordan frasecitas suceptibles a la confianza, al creer y al positivismo de marketing.
Sí, me miento, me gusta como suena la mentira, tiene un tono más calmo, más mimetizado con todo, es adaptable.
Desbordan los segundos en que me compro esa hipótesis de estar seca (como si hubiera salido de un carrete porteño marcada al ritmo de un acordeón) porque así lo siento: mi garganta, mi piel, mis ojos, mis emoción: tiesas, ásperas, bajo una deshidratación constante, bajo un baile de música sin nombre, de libros alejados de conocimiento típico, de personas no cotidianas, de reacciones lejos a lo diario.
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