Es como el cuento de la chica ciega que se enamora del pianista con sólo escucharlo. Aquí paso lo mismo. No tenía idea quienes eran, que tipo de música hacian, quien era su productor, pero a penas, escuche Burning, me fuí a otra. A otra pero en extremo.
Cuático. Aún recuerdo esa sensación, era emoción, pero emoción sin argumentos, no podía describir lo que me pasaba, no podía estar quieta y tener mis sentidos puesto en lo que pasaba a mi alrededor, me daban ganas de bailar lentamente, detenerme a mirar el cielo, andar en bicicleta, muy rápido, y lanzarme en sandboard. Sí, todo a la vez, de una forma, inexplicable, a full pero comodamente lenta.
The Whitest Boy Alive para mí es una contradicción extrañamente exquisita, que pocas veces en mi vida ha pasado: Erlend Oye en mí NO produce extremos, sólo hay constantes ir y venires continúos pero nunca un absoluto de emoción. Lo que es grandioso. Me mantengo por primera vez. Me siento a un nivel medio de toda emocionalidad, me logro contener. Y cuando estoy a punto de irme a un lado, él, Oye Erlend, inclina su música para dirigirme al otro.
Cuando suelo escuchar algún comentario de este grupo los denominativos van por el lado de "oh, súper piolita", "suave", "saben hacer su pega"... "¿son electrónicos?".
Pucha, la verdad, no sé, no completamente por cierto. Erlend combina y lo hace bien, le gustan (harto) los bajos (como a mí <3.) y no sé, no tiene dramas de ser él la mezcladora de todo lo que se le ocurra. Se me hace un tipo sin prejuicios, dispuesto a tomar lo que sea para seguir creando sin clasificación alguna.
Me incomoda decir que de mi boca nunca ha salido un "pero" de sus discos, lo único que quizá puedo decir es que escucho sus producciones (Dreams ,2006 y Rules 2009) de forma aleatoria y no ordenada.
Lo que es MUY curioso, es con el único grupo que me ocurre, suelo ser mañosa con el orden de las canciones. No sé si sea bueno o malo pero...trato de salvar esta entrada con algo de una aspiracional objetividad.

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